Hay días en los que nadie quiere planear; solo salir un rato, comer algo, escuchar música y ver qué pasa. Ese tipo de noche suele empezar simple, pero cuando el lugar se presta para quedarse, el tiempo se pasa distinto.
En elEspacio pasa seguido; alguien llega pensando en cenar, otro en escuchar la sesión, otro solo en sentarse un rato, y sin darse cuenta todos terminan en el mismo ritmo, aunque nadie lo haya decidido desde el principio.
Cuando no tienes que cambiar de lugar para que la noche siga
Parte de lo que hace que todo fluya es que no tienes que moverte para cada cosa; puedes llegar, pedir algo del menú, quedarte en la mesa, acercarte a la cabina, volver a sentarte y seguir sin sentir que el plan se rompe.
La comida está pensada para eso, para poder pedir algo sin cortar la conversación ni la música, algo para compartir, algo rápido o algo más completo si llegaste con hambre.
Hay quien se queda platicando toda la noche, hay quien se acerca al sonido, y hay quien empieza sentado y termina de pie sin saber en qué momento pasó.
Cuando la música empieza a llamar
No todos los lugares están hechos para escuchar; a veces la música está ahí, pero no cambia nada.
Aquí el sonido se siente distinto, la cabina está cerca, la mezcla se escucha clara y poco a poco lo que está sonando empieza a llamar más la atención de lo que esperabas.
Sigues en tu mesa, pero volteas más seguido; alguien se levanta, alguien más se acerca, y la noche cambia sin que nadie tenga que decir nada.
Por eso hay planes que se alargan solos
No siempre vienes al elEspacio buscando fiesta; muchas veces llegas por algo tranquilo, por la comida, por la música o solo por salir un rato.
Lo que pasa después depende del ambiente, de la gente y de cómo se va acomodando todo.
Hay noches que no estaban pensadas para durar…pero tampoco hay prisa por irse.
ReBela tu talento.
